¿TE NUTRES?

Pasé años anhelando ser nutrida, deseando ser validada por una madre emocionalmente desnutrida y acorazada.
(Comprendí con los años que estos mecanismos la hicieron y la hacen sobrevivir a una vida, a veces muy puta.
Y aprendí a tomar de ella lo que podía darme a su humilde manera. Y sí, hoy la amo tal como es).
 
Pasé años anhelando ser nutrida, por todos los hombres con los que conviví en mi infancia.
(Comprendí con los años el difícil papel que desempeñaban: el padrastro que no sabe cómo acercarse y la niña que no lo pone para nada fácil. Con todo, me llevo algo de cada uno de ellos: una receta del mejor tzatziki que he probado, muchas palabras en alemán, pequeñas nociones de futbol argentino y el mejor asado del mundo).
 
Pasé años anhelando ser nutrida, robando abrazos a un padre al que veía cada 15 días y con quién me sentía a salvo.
(Comprendí con los años que fue para mí un bote, un amarre de conciencia hacia mi cuerpo para no caer del todo, y me veo en el recuerdo de él en cada payasada y baile loco que hago con mis hijos).
 
Pasé años anhelando ser nutrida, en brazos de hombres que lo hicieron de la mejor manera que pudieron y supieron en cada momento y a cada paso.
(Comprendí con los años que cada uno de ellos fue una lección de humildad, amor y verdad y que nada, absolutamente nada, fue en balde. Compañeros de camino, espejos, amantes, amigos. Hoy, siento paz).
 
Pasé años anhelando ser nutrida dentro de mi grupo de amistades, desempeñando un papel de borde-irónica-cachonda con el que me sentía cómoda.
(Comprendí que así nadie podía acceder más allá de mi superficie. Enseñé mis entrañas y se quedaron las que se quisieron quedar).
 
Hoy, y desde hace un tiempo ya, voy perdiendo el anhelo.
Porque me reconozco, nutridora de mí misma, y eso me hace tremendamente feliz.
 
Y sí, para mi niña interior de mirada inocente, es un paso gigante que hoy celebro precisamente así: dándome espacio y tiempo para nutrirme.
 
Sin forzarme, respetando mis tiempos, mis ciclos, mis cicatrices y mis heridas.
 
Y tú, ¿te nutres?

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *